domingo, 14 de julio de 2013

A través de las barricadas




A través de las barricadas


La madre no sabe dónde ha ido el amor
ella dice que debe ser la juventud
que nos mantiene fuertes
verlo en su rostro, que se convirtió en hielo
y cuando sonríe se muestra
las líneas de sacrificio.

Y ahora sé lo que están diciendo
cuando el sol comienza a desaparecer
e hicimos el amor en el desierto
ya través de las barricadas.

Mi Padre hizo mi historia
luchó por lo que pensaba
se nos hizo de alguna manera gratuita.

Él me enseñó lo que dicen en la escuela
i se aprendieron de memoria
pero ahora que ha partido en dos.

Y ahora sé lo que están diciendo
en la música del desfile
hicimos nuestro amor en el desierto
ya través de las barricadas.

Nacidos en lados diferentes de la vida
sentimos lo mismo
y sentir todo esto la lucha
así que venga a mí cuando estoy dormido
vamos a cruzar la línea de
y la danza en la calle.

Y ahora sé lo que están diciendo
cuando los tambores comienzan a desvanecerse
hicimos nuestro amor en el desierto
ya través de las barricadas.

Oh, dar la vuelta y voy a estar allí
no hay una cicatriz en mi corazón
pero voy a desnudar una vez más
pensé que íbamos a la raza humana
pero eran más que otra línea fronteriza de los casos
y las estrellas llegar abajo y díganos
que siempre hay una fuga.

Yo no sé de dónde ha ido el amor
y en esta tierra problemas
la desesperación nos mantendrá fuertes
ves ese niño está lleno de alma
sin nada que perder
hay de todo para ir.

Y ahora sé lo que están diciendo que están
se trata de una belleza terrible que hemos hecho
así que hacemos el amor en la tierra baldía
ya través de las barricadas.

Ahora sé lo que están diciendo que están
como los corazones van a la tumba
hicimos nuestro amor en el desierto
ya través de las barricadas.

jueves, 11 de julio de 2013

94.7 Mañana 24 hs EL DIABLO, PROBABLEMENTE...

RAMMSTEIN, NIETZCHE & HITLER; ¿Debajo del escenario solo hay siempre partenaires ? Viernes 24.00 hs., "El Diablo, probablemente"

Fb: EL DIABLO, PROBABLEMENTE

sábado, 6 de julio de 2013

FERIA DEL LIBRO REGIONAL DE SAN MARTÍN

La Lupa Cultural tiene el agrado de invitarlos a participar en la Feria del Libro Regional de San Martin
Les envio el enlace a donde encontrarán más información



Alfredo Legnazzi     Silvia Vázquez

sábado, 29 de junio de 2013

“[…] Porque la vida se ríe 
de las previsiones, 
pone palabras donde imaginamos 
silencios y súbitos regresos 
cuando pensamos que 
nunca volveríamos a encontrarnos. […]
El viaje del elefante  José Saramago
“[…] Porque la vida se ríe 
de las previsiones, 
pone palabras donde imaginamos 
silencios y súbitos regresos 
cuando pensamos que 
nunca volveríamos a encontrarnos. […]
El viaje del elefante  José Saramago


viernes, 28 de junio de 2013

ANIMALES DOMÉSTICOS POR LAURA YASÁN

         
ANIMALES DOMÉSTICOS
           
el deseo es un animal que vive en las entrañas
como toda bestia visceral
devora y devora todo el tiempo
               
llega un día
en que sólo nos queda la piel y la osamenta
conteniendo un vacío tumultuoso
desorbitado
               
el vacío es un animal que vive en el deseo
como toda bestia pasional
succiona y succiona todo el tiempo
               
llega un día
alguien pronuncia tu nombre
y te pulverizás en el aire
          

Aplastamiento de las gotas. Julio Cortázar

Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.



el milagro RG Aguirre



Ch Shooel Fly Away


EL MILAGRO 

Porque si llega, cuando llegue,
llegará como es:
fácil, claro, sencillo,
sin grandes resplandores,
sin que la tierra tiemble,
sin que el cielo se nuble.
Será suave y fraterno
con su mano en tu hombro.

No habrá cambiado casi nada:
sólo tu corazón.

R.G. AGUIRRE

jueves, 27 de junio de 2013

Gisela V M.


Entre las grietas de los adoquines
se escurre el eco de la memoria.
Nos asfaltamos en los suburbios
y la última huella se cuela 
en el suelo borracho de lo que se pierde.
Y sin embargo, 
para vos me destejo 
el mapa de lo no sucedido
y tacho el recorrido de lo no olvidado
porque por quererte, 
aunque te escurras,
deseo que te despliegues
en el atajo que nos distancia.
(te prefiero libre aunque ya no me abraces).
Caminaré y sobrevendré memoria 
encriptando lo que fue y lo que ha pasado,
salpicando de colores y sonrisas mis percances
y luego sí, ahora sí, 
lo que devenga. Y venga.
Aunque siempre estés ahí, debajo

sudando entre las grietas
de esos adoquines de Buenos Aires
sobre los que revoloteamos juntos 
alguna vez.

miércoles, 26 de junio de 2013

E CUMMINGS LLEVO TU CORAZÓN

Llevo tu corazón.

Llevo tu corazón conmigo
(lo llevo en mi corazón)
nunca estoy sin él
(tú vas dondequiera que yo voy, amor mío;
y todo lo que hago por mí mismo
lo haces tú también, amado mío).

No temo al destino
(pues tú eres mi destino, mi amor)
no deseo ningún mundo
(pues hermoso tú eres mi mundo, mi verdad)
y tú eres todo lo que una luna siempre ha sido
y todo lo que un sol cantará siempre eres tú.

He aquí el más profundo secreto que nadie conoce
(he aquí la raíz de la raiz y el brote del brote
y el cielo del cielo de un árbol llamado vida;
que crece más alto de lo que un alma puede esperar
o una mente puede ocultar)
y éste es el prodigio que mantiene a las estrellas separadas.


Llevo tu corazón (lo llevo en mi corazón).

One art Elizabeth Bishop

One Art

by Elizabeth Bishop

The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant 
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.


—Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied.  It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.


sábado, 1 de junio de 2013

Nada sabemos

Nada Sabemos

Nunca sabremos si los engañados
son los sentidos o los sentimientos,
si viaja el tren o viajan nuestras ganas,
si las ciudades cambian de lugar
o si todas las casas son la misma.
Nunca sabremos si quien nos espera
es quien debe esperarnos, ni tampoco
a quién tenemos que aguardar en medio
del frío de un andén. Nada sabemos.
Avanzamos a tientas y dudamos
si esto que se parece a la alegría
es sólo la señal definitiva
de que hemos vuelto a equivocarnos.

Amalia Bautista

jueves, 9 de mayo de 2013

Retorno Recomendación del Jurado Editorial Ruinas Circulares

Retorno
Taciturno observaba en la tele un barco hundido cuyas paredes desprendían lágrimas ocres dispersas en el agua profunda que lo había oxidado. Las algas sésiles y una fusión de los verdes de los sótanos naturales se habían adherido a los marcos de las lumbreras y sus filamentos se erosionaban yendo y viniendo por el designio de ese viento acuoso que imprime el movimiento de la vida submarina. Observaba los peces que, por urgencia, habían escogido el interior del barco huyendo de sus depredadores. Sintió hambre. Llamó al mozo y le pidió un refuerzo: “dos cañoncitos con dulce de leche y otro café doble”, dijo, con voz lánguida, frotándose las palmas. Sobre la vereda, a unos cuatro metros de altura, también se veía la televisión. Le pareció entretenido seguir las secuencias de ese documental mudo en el reflejo fantasmal de la calle Bartolomeo Timote. Salvo Don Diéguez, que había descartado el documental para mirarlo a él, quien lo viera no podría intuir que no estaba pensando simplemente, sino que miraba hacia lo alto de la puerta de ingreso, de vidrio limpio, porque allí arriba, un poco más allá, en el aire de la vereda, también se refractaba la historia del Olivia XXI. Y estaba el capitán Suárez mirando ese barco hundido y sentía el bullir de su sangre, un repentino estupor que recalentó su interior y empalideció su semblante. En un chucho de frío ese fuego se disipó. Se frotó las palmas otra vez. Entreabriendo los dedos, se acarició la cabeza lentamente simulándose arrastrar un cabello frondoso, negro, y reaccionó en la mollera: detuvo la caricia y se puso la boina de lana que había dejado al costado en la mesa, al tiempo que el mozo desplegaba el pedido. “¿Azúcar o edulcorante?, le preguntó, pero como el capitán Suárez no respondía, como el capitán Suárez miraba el documental que se proyectaba a la intemperie, el mozo arrojó tres sobres de cada cosa, y se fue hacia la barra con la bandeja engarzada en la axila. El capitán bebió un sorbo de café y mordió la factura. Con un solo mordiscón más, la terminaría, más tarde, cuando Don Diéguez, su amigo de la vida, que tomaba un café ahí mismo se acercó a preguntarle si el Don Suárez Capitán del Olivia XXI, se sentía bien. Suarez no mutó: solo miraba hacia la calle, el viento que zarandeaba las ramas de un árbol, su tele, y la gente que, con camperas y bufandas, pasaban por debajo de ella. Se alertó. Miró a Don Diéguez que, con las manos en los bolsillos, miraba hacia afuera y hacia arriba con sus ojos como de vidrio para calzarse el punto de vista del capitán, pero Diéguez solo atisbaba aire donde Suárez sus recuerdos y su juventud. El capitán lo miró a Diéguez desde abajo de sus anteojos nacarados y de vidrios gruesos: “Es triste, viejo. Quisiera volver a ser joven. Es triste terminar así”, y Don Diéguez le dio una palmada en la espalda que apenas si repercutió en su desnudez, debajo de los dos pulóveres grises que llevaba puestos. “Estoy en aquella mesa, querido”, le dijo Diéguez señalándole un rincón. “Podrías ser aquél, joven, si realmente quisieras”, culminó señalando con la pera la tele real que, sostenida por un soporte en altura, los enfrentaba, y se apartó. El capitán Suárez bebió el café como si fuera una pócima: otro sorbo, y otro, y otro, y otro más, y el último sorbo fondo blanco le quemó la garganta. El barco Olivia XXI, encallado en el fondo del mar, había albergado ahora un ecosistema submarino donde el capitán no tenía cabida. De pronto, aunque entrecerrando los ojos debajo de los lentes que aumentaban lo que ya no podía ver, leyó su nombre, transcripto en el aire de izquierda a derecha, y se vio en la ilusión que allí se proyectaba, en la vereda, sobre Bartolomeo Timote al 100. “El Capitán Bernardino Suárez comandó la nave durante treinta años”, se leía con cierto esfuerzo en la calle; de derecha a izquierda y legiblemente en la televisión real. Bajó la mirada. Se miró ahora en la vidriera: las cejas gruesas, canosas, que se le entrecruzaban con las pestañas; la barba crecida; las arrugas que se le caían como en cascada, como una masa espesa, debajo del mentón; los labios cerrados; los lóbulos de las orejas fláccidos. Volvió su mirada hacia su tele. Volvió a su ilusión, y allí, Bernardino Suarez, el capitán del Olivia XXI, a los treinta. Allí, con su uniforme azul marino y los botones dorados. Allí arriba, en el aire, bajo el frío. Y aquí dentro, también, tensionando el cuerpo, agarrándose el pecho, temblando otra vez. Solo después de que soltó el timón de su resistencia, lloró debajo de sus lentes  y arrastró una por una sus lágrimas antes de que se vieran. Y se quedó sumido en los recuerdos proyectados a la intemperie, hasta que una interrupción, que le devolvió la juventud, le impidió seguir viéndose afuera: un muchacho alto, de unos treinta, que llevaba un ancla bordada en el bolsillo de la camisa, entró al bar empujando con las dos manos la puerta de vidrio.